sábado, 28 de enero de 2017

Los malos hábitos en la infancia y las alergias en la edad adulta


Los malos hábitos en la infancia y las alergias en la edad adulta

Cuando era pequeño recuerdo que las familias eran más numerosas, las casas más grandes y de techos más altos y por tanto no estaban acondicionadas, lo que te obligaba a ir con jersey todo el día y a buscar la mesa camilla si hacía frío. Las medidas de higiene no eran tan estrictas como ahora y los niños con frecuencia tenían mocos perpetuos; el mocoso (el que sorbía mocos) era una imagen frecuente en mi infancia (los 60-70).
Todo ha cambiado, puede decirse que han mejorado las condiciones del entorno en el que vive el niño por lo que podríamos pensar que ha mejorado la salud de nuestros infantes. Los cambios sociales han llevado a que las familias sean más pequeñas, que vivan en lugares más reducidos, cerrados con una temperatura constante y que todo sea más limpio, más aséptico. Que haya más higiene personal y mayor control de los alimentos que se consumen. Todo esto ha producido que hayan menos enfermedades infecciosas en nuestros niños.
Sin embargo, estos cambios aparentemente beneficiosos han hecho aumentar, sin que lo que queramos, las enfermedades dependientes de la propia inmunidad, sea por falta de estímulos externos (gérmenes) o por un exceso de otros del entorno (ejemplo, ácaros del polvo que proliferan en habitaciones cerradas con humedad y temperatura constante). Enfermedades alérgicas u de otro tipo, en las que el cuerpo se defiende del propio cuerpo (autoinmunidad) o de sustancias externas aparentemente inocuas (alérgenos)). Siendo actualmente el asma bronquial la principal enfermedad crónica en la infancia. 
En este sentido, de un tiempo a esta parte se ha puesto en duda que el exceso de higiene sea realmente saludable, sobre todo en los niños y a determinadas edades.
Se sabe que los niños de familias numerosas con hermanos mayores (contactos poco higiénicos) tienen menos alergias; que la convivencia con animales (gatos, perros, animales de granja) pone en contacto a los niños con alergenos que evitarían la alergia y que el exceso de limpieza (las manos) también iría en este sentido. 
En un trabajo de Fall T et al en noviembre del año pasado en JAMA Pediatr mostró como estar en contacto con perros durante el primer año de vida se asoció con un descenso del riesgo de asma en los niños en edad escolar o preescolar mayores de 3 años. Algo parecido demostraron con la exposición a los animales de granja. Sin embargo, por contrapartida encontraron un ligero incremento en el riesgo de neumonía  y otras enfermedades respiratorias en los que habían sido expuestos a perros, pero no a animales de granja. Esto sugería que la exposición a animales incrementaría el contacto con  microorganismos que en forma de infecciones respiratorias modularían el sistema autoinmune y reducirían el riesgo de asma bronquial.
Por otro lado, se cree que el aumento de contacto con ciertos gérmenes que se dan en familias numerosas  aumentaría una cierta inmunidad (linfocitos T helper TH-1) que no se produciría en familias más reducidas, que lo harían en otro sentido (TH-2) y que con ello se aumentaría el riesgo de alergias.
Por ello, aunque suene extraño, no es raro que hábitos tan detestables como chuparse el dedo o comerse las uñas, que exponen al niño con cantidad de microorganismos y enfermedades (gastrointestinales, parásitos...) puedan tener algún efecto beneficioso. Sin embargo, al margen de los gérmenes nocivos que el niño incorporaría de esta manera, incrementando el riesgo de infecciones, también se aumentarían la variedad de la flora intestinal (la microbiota) incrementando  con ello  la inmunidad natural. La otra cara de la moneda. 
En este sentido existe un estudio de Lynch SJ et al publicado en  Pediatrics el julio pasado que estudió a 1.034 niños  de Nueva Zelanda nacidos entre 1972 y 1973 que se chupaban el pulgar o se mordían las uñas, identificados al preguntar a sus padres por este hábito a las edades de 5, 7, 9 y 11 años.  Según este análisis el 31% de los niños que tenían estos hábitos a dichas edades tenían menor riesgo de presentar alergia a los 13 años (odds ratio -OR- 0,67) y a los 32 años (OR 0,61) con respecto a sus compañeros que no tenían estos comportamientos, una asociación que se mantenía teniendo en cuenta el resto de factores analizados. Si se tenían los dos hábitos se tenía menor riesgo de sensibilización que si se tenía uno solo. Este estudio sugiere que la exposición del niño a otros organismos en edades tempranas (5-11 años) reduce el riesgo de presentar enfermedades alérgicas cuando se sea mayor (a los 13 y 32 años).
Con estos datos no es fácil dar recomendaciones. Hay que ser limpios pero no pasarse. Que ponernos en contacto con ciertos gérmenes, padecer, sin asumir riesgos, ciertas enfermedades infecciosas benignas podría ser bueno para nuestro sistema inmunológico y que la convivencia con animales domésticos al menos los primeros años de nuestra vida podría tener efectos beneficiosos en la prevención de la alergia. 

mateu seguí díaz
médico de familia

Seguí Díaz M. Los malos hábitos en la infancia y las alergias en la edad adulta. Es Diari. 23-12-2016: 17. http://menorca.info/ 

Grabenhenrich LB, Gough H, Reich A, Eckers N, Zepp F, Nitsche O, et al Early-life determinants of asthma from birth to age 20 years: a German birth cohort study.  J. Allergy Clin Immunol. 2014;133:979-988. 

Fall T, Lundholm C, Örtqvist AK, Fall K, Fang F, Hedhammar Å, Kämpe O, et al. Early Exposure to Dogs and Farm Animals and the Risk of Childhood Asthma. JAMA Pediatr. 2015 Nov;169(11):e153219. doi: 10.1001/jamapediatrics. 2015.3219. Epub 2015 Nov 2.

Jhun I1, Phipatanakul W2. Early exposure to dogs and farm animals reduces risk of childhood asthma. Evid Based Med. 2016 Apr;21(2):80. doi: 10.1136/ebmed-2015-110373. Epub 2016 Feb 2.

Lynch SJ, Sears MR, Hancox RJ. Thumb-Sucking, Nail-Biting, and Atopic Sensitization, Asthma, and Hay Fever. Pediatrics. 2016 Aug;138(2). pii: e20160443. doi: 10.1542/peds.2016-0443. Epub 2016 Jul 11.