miércoles, 27 de abril de 2016

Una asignatura pendiente

Una asignatura pendiente

Todos los médicos por el hecho de serlo deberíamos de vez en cuando abandonar nuestra “zona de seguridad” e irnos a ayudar a aquellos que realmente lo necesitan. Dejar nuestras consultas e ir como voluntarios, como cooperantes, a algún lugar del mundo donde la gente no tiene los mínimos recursos sanitarios para ser atendida de sus dolencias.
Personalmente es una situación hipotética que nos hemos planteado mi mujer (enfermera) y quien escribe (médico de familia) en muchas ocasiones. En ciertas situaciones que han llenado los medios de comunicación nos hemos preguntado: ¿vamos?. Sea por una cosa u otra, el miedo a lo desconocido, a no ser competentes en otros escenarios, a la falta de recursos (pruebas diagnósticas, medicinas..), el idioma, o simplemente  a compromisos, problemas económicos o familiares, nunca hemos dado el paso. Queda ahí como una espina clavada, una asignatura pendiente.
Sin embargo, es frecuente que de forma anónima compañeros den ese paso, se cojan sus permisos de vacaciones y los destinen para ayudar a los demás. En esas situaciones sentimos una cierta envidia, una desazón por no ir con estos a hacer lo que, en mi opinión, todos los sanitarios (sean médicos, enfermeras…) deberían hacer alguna vez en su vida.
Y es que ya está bien de quejarnos, de ver siempre al parásito del sistema que se aprovecha de este para su propio interés,  conviene de vez en cuando darse cuenta que al lado de nosotros también existen personas que más allá de sus comodidades tienen ese nivel de altruismo que  son capaces de dejarlo todo y darse a los demás. 
Estas líneas vienen a colación del orgullo que nos produce saber que dos compañeras médicos de familia (Remedios y Lourdes), destinaran sus vacaciones, se costearan el viaje y residencia e irán a ayudar en la frontera de Macedonia a los refugiados sirios. Vayan con estas mis felicitaciones.  

Saborit F. De la consulta en Menorca al campo griego de Idomeni. MENORCA 26 abril 2016: 10