domingo, 24 de abril de 2016

Tecnologías de la comunicación y soledad

Tecnologías de la comunicación y soledad

Hace algunos días comenté que soy uno del  13% de los españoles que por ahora no utiliza el Smartphone. Pertenezco al grupo de “insumisos a  los teléfonos inteligentes” que solo tienen el teléfono para telefonear. Esto no quiere decir que tenga una Phablet sin tarjeta Sim, que utilizo para viajar (para tener teléfono barato en el país donde se está) y como dispositivo para leer, escuchar música, hacer fotos y en caso necesario acudir a algún punto Wi-Fi poder conectarme a internet. O sea no quiero, hasta el momento tener WhatsApp,  ni participar en Facebook, redes sociales…, pero no me cierro a los adelantos tecnológicos. Sé que me pierdo muchas cosas, y algún amigo se me ha enfadado medio en serio medio en broma, pero intento utilizar mi tiempo como quiero, no como los otros y la tecnología me obligan.
Dicho esto, acabo de leer que al parecer han encontrado muerto a un señor que padecía un síndrome de Diógenes (vivía solo y acumulaba cosas, y lo han localizado debajo de una multitud de trastos), pero tenía una profusa vida virtual con  3.544 seguidores de Facebook. Y esto me ha hecho pensar en cuantas personas se refugian tras la tecnología para comunicarse pues de otro modo no podrían, lo que les supone una ventaja. Y es que no cabe duda que  las tecnologías son una ventaja para aquellos con defectos físicos o psicológicos pues la imagen que se proyecta no es la real y te permite comunicarte de una manera que no se podría tener en contacto “cara a cara”. 
La revolución en este aspecto ha sido impresionante desde que hace 9 años surgiera el primer iPhone  (2007), un dispositivo, que yendo más allá del teléfono personal (y digo esto, porque antes se telefoneaba a un teléfono –fijo- y ahora se hace a una persona pues la mayoría lo  llevan encima), que centraliza, controla  y tiende a satisfacer todas las “necesidades virtuales” o reales de individuo.
Y esto entronca con un pequeño reportaje con el título de “Soledad, una nueva epidemia”, publicado en diario el PAIS de hace algunos días,  que me sorprendió. Sin leerlo me pregunté cómo es posible que pudiera existir ahora mayor soledad que antes cuando todo el mundo está de una manera u otra  conectado y tiene cientos de amigos virtuales. El subtítulo, señalando varias fuentes internacionales, señalaba esto mismo, que una de cada tres personas (o cada cuatro según las fuentes) de países occidentales se siente sola. Y todo esto en el  marco de la sociedad de la hiperconexión y las redes sociales. ¿Qué ocurre?. Y esto nos lleva otra vez al señor muerto con síndrome de Diógenes. En esta sociedad a la vez que existen más personas interconectadas, existen más persona que viven solas (se habla de una de cada cuatro en los países occidentales). La familia como tal está en crisis y son cada vez más las familias de un solo miembro con un solo hijo, o sin hijos. Cada vez hay más ancianos que viven solos…Otro asunto, es el hecho de aún sentirse inmerso en la sociedad, o sea no estar físicamente aislado, pero sentirse solo. Incomprendido. Internet, las redes sociales permiten salir de este agujero, proyectarse al exterior, pero ahí se queda todo, pues el siguiente paso, el de contacto físico, personal, no se llega a dar. Se retrae uno por miedo al rechazo, a la vergüenza y se acaba haciendo una vida “virtual”, ficticia. Y esto lleva a la siguiente pregunta, ¿siendo las redes sociales un método para estar conectado, fomentaría paradógicamente su uso la soledad?  Siendo un método para hacer amigos, conectar con los demás, y esto es valioso, también pueden convertirse en un sustituto de las relaciones personales lo que aumenta la sensación de incomprensión, retraimiento, y soledad. Las redes sociales serían un lugar seguro desde donde relacionarse sin exponerse más que en lo necesario evitando mostrarnos tal como somos. Una pantalla, una imagen, una caricatura de lo que somos o queremos proyectar al resto de nuestros “amigos”. 
Todo esto puede ser bueno o malo en los adultos, pero en mi opinión, es desastroso en la infancia y en la adolescencia cuando la personalidad, la identidad, el autoconcepto de la persona, la sociabilidad, está en desarrollo, se está formando. Ver a niños pasando la mayor parte del día chateando, o whasapeando… puede ser muy moderno, pero creo que traerá consecuencias a corto y largo plazo a nivel individual y colectivo.

JOHN T. CACIOPPO / STEPHANIE CACIOPPO. Soledad, una nueva epidemia. Una de cada tres personas se siente sola en la sociedad de la hiperconexión y las redes sociales. ¿Qué está fallando?
El Pais. 06-04-2016

El síndrome de Diógenes con 3.544 seguidores de Facebook. El mundo 20-04-2016