jueves, 9 de abril de 2009

La ley del Aborto


La ley del Aborto

El tema del aborto es un tema que levanta siempre ampollas. Levanta ampollas porque afecta a las convicciones más intimas, que no siempre tienen por que ser religiosas –no es mi caso. Y es fuente de conflicto interior porque de la consideración o no del no nacido como ser humano se afecta la libertad personal de la mujer a decidir lo que quiere hacer con su cuerpo. Por tanto, la definición sobre lo que es el producto de la concepción es un asunto importante, pues afecta a lo que se puede hacer o no con el. Quiero decir con ello, que si bien a nivel personal e inconsciente todos estamos de acuerdo en que lo que lleva dentro la mujer es un ser humano, y la prueba es la importancia que le da la mujer al hecho de abortar, traducido en los posibles trastornos psicológicos que se producen en aquellas que han tomado esta decisión -admitidos tanto por pro como antiabortistas-, a nivel personal y consciente se buscan afanosamente razones que nos convenzan que el embrión/feto no es más que un acúmulo de células de las que podemos disponer a nuestro antojo, y poder hacer uso de “nuestro propio cuerpo”.

Personalmente mi crisis particular la pasé haciendo la carrera de medicina y la superé, teniendo claro lo que pensaba durante la gestación de mi primer hijo. Pasé de ser un convencido del aborto como una opción de la mujer a considerar al feto (acabado el período embriológico, 7 semanas) exactamente igual que un niño recién nacido, aún cuando siempre he admitido la interrupción del embarazo según las circunstancias de la madre, y siempre como el mal menor indispensable. En cuanto, a mi posición antes de estas 7 semanas, ha sido ambivalente, aunque siempre he sabido que se trataba de un ser humano en potencia. El tratado de embriología clínica de Keith Moore, en este sentido, me abrió los ojos. *
Que se hable de un tema superado, es tener una visión muy corta de la realidad que nos envuelve. Sería un tema superado si tal vez se hubiera hecho un referéndum y este se hubiera ganado por mayoría, y aún así habría personas que considerarían que abortar es matar a un ser humano. Personalmente no creo que sea un tema que pueda superarse nunca pues afecta a la misma esencia de nuestro ser, todos al fin y al cabo fuimos un conjunto de células, un embrión, un feto, un niño...
Otra cosa distinta, es la realidad de su prohibición, la condena penal por su realización, o la condición de ser hijo no deseado o nacido en un ambiente de miseria, de familias desestructuras etc...Creo que como en todo se puede encontrar un nivel intermedio, en el que se defienda al niño y que no sea una carga para la madre; llegar a despenalizar esta práctica en ciertas situaciones –algo como lo actual-, tomándolo como un mal menor, delante una realidad de difícil manejo.
“La ley actual, avalada por el Tribunal Constitucional en 1985, permite la interrupción del embarazo en tres supuestos: violación (hasta las 12 semanas); malformaciones fetales (hasta las 22 semanas) y grave peligro para la vida o la salud física y psíquica de la madre”. Es sabido que esta última condición ha supuesto un coladero al que se han acogido el 97% de las 112.000 mujeres que abortaron en 2007, y esta condición sin plazo ha permitido abortos de fetos que pudieran ser considerados como viables, que ha dado pie a algún que otro escándalo mediático al respecto.
La regulación que se propone, no es más que eso, legalizar el coladero, dejando a la voluntad de la mujer si quiere o no continuar con su embarazo hasta las 14 semanas sin que tenga que ser necesario ningún informe ni visto bueno de ningún médico, pero regula el aborto más allá de estas semanas. Visto así, sería mejor que lo actual, aunque tiene el inconveniente de cosificar al embrión/feto, de dejar claro que el producto de la concepción queda a la única voluntad de la mujer gestante. Y no solo eso, si no que se da una vuelta de tuerca más, y se permite el mismo en adolescentes menores de edad a partir de los 16 años sin que intervenga la opinión de los padres.
La realidad actual es que en España, en 2007, hubo 4.400 nacimientos y 6.273 interrupciones
voluntarias del embarazo en menores de 18 años, o sea al menos hubieron 10.700
gestaciones en muchachas realmente jóvenes, que podemos presuponer no deseaban quedarse embarazadas. Si la tasa de embarazos en adolescentes ha pasado en 10 años de (10 a 17 años), de 3,07 por mil (1997) a 6,3 por mil (2007), o sea duplicándose, y la educación/información en aspectos sexuales es cada vez mayor, ¿qué hacer, cuando las relaciones sexuales son cada vez más frecuentes y se dan en adolescentes cada vez más jóvenes?
Tal vez la campaña de aumentar el acceso a la píldora del día siguiente, o a los preservativos, regular el aborto en ciertos casos, y sobre todo tutelar y amparar a aquellos embarazos no deseados para que el niño nacido no sea una carga para la adolescente o pueda ser acogido o adoptado por familias que así lo quieran, pudieran paliar de alguna manera el problema.

1 comentario:

Anónima dijo...

Llego hasta aquí tras hacer una búsqueda sobre Sami Naïr, cuyo ensayo El imperio frente a la diversidad del mundo me ha abierto tanto los ojos, y me encuentro con este blog, del que me siento tan cerca, tan lejos.

Nunca me he visto en la tesitura de plantearme un aborto. No soy médico, aunque por ser hija de dos y hermana de otra, a veces me confundo y me creo haber aprobado el primer ciclo de la carrera.
Mi intuición, no obstante, no me ha llevado nunca a intentar negar que lo que una mujer lleva dentro sea un humano, pues acaba por serlo si se le permite. Sin embargo, la discusión tomada desde este punto de vista me parece contaminada, por muy poco religiosos que en la práctica seamos, por nuestros siglos de educación religiosa que contemplaba la presencia del alma en el feto.

La piedad que nos hace compadecer a la criatura nonata, podría hacer que compadeciéramos a la madre. Imagino que abortar tiene que ser un proceso durísimo física y psíquicamente. La única persona que conozco que me ha confesado haberlo hecho, utilizaba preservativos y sé que no miente. Me gustaría que mi gobierno asegurara la libertad de mujeres como ella a decidir sobre su cuerpo y no criminalizarlas.
Ahora bien, hay tantas cosas que me gustaría que mi gobierno, supuestamente socialista, me diera que no me da, que de hecho me está quitando...

Un placer leerte.