jueves, 29 de octubre de 2009

Ignaz Semmelweis

Ignaz Semmelweis
Hace años leí un artículo de Rosa Montero en el País Semanal que me cautivó. Se trataba de la historia desgraciada de un médico Húngaro que fruto de los prejuicios de la época, o más bien de la sinrazón de sus colegas, acabó con su vida intentando convencerles que lavarse las manos salvaba la vida de las puérperas.
El artículo en cuestión se llamaba “prejuicios asesinos” y aunque lo conservo escaneado, se me olvidó poner fecha, aunque muy probablemente esté publicado hace más de 10 años.
El recuerdo de este artículo y de la historia de este médico famoso – yo por aquel entonces lo desconocía- me ha vuelto a impresionar, cuand0 en el último congreso de la EASD celebrado en Viena (Austria), una de las salas estaba dedicada a su persona (adjunto copia del poster en la entrada de esta).
La realidad es que Ignaz Semmelweis (1818-1865), aún siendo Húngaro, su actividad profesional la realizó en Viena, donde a los 28 años fue nombrado ayudante de la primera clínica ginecológica vienesa en el Hospital General de Viena (1842). En este local sanitario observó que el 33% las mujeres atendidas tras el parto en un determinado pabellón (Dr Klein) morían por fiebre puerperal, duplicando la mortalidad del pabellón contiguo. La diferencia que encontró es que en aquel los médicos atendían a las mujeres tras haber hecho prácticas en la sala de autopsias y no haberse lavado las manos previamente. Simplemente obligandoles a lavarse las manos con agua clorada se dio cuenta que descendía la mortalidad de una manera importante (del 12% al 1% en dos años). Este hecho obligó implícitamente a su jefe el Dr Klein a lavarse las manos, algo que no le sentó muy bien, y como consecuencia despidió a su ayudante.
Tras la muerte de un colega por septicemia al cortarse este por error en una autopsia, empezó a difundir sus descubrimientos lo que le llevó a crearse gran cantidad de enemigos. Pues indirectamente les acusaba de la muerte de muchas mujeres a la vez que les obligaba a lavarse las manos antes de atender a las parturientas. Por ello Sociedades Científicas de la época (Ámsterdam, Berlin, Londres) condenaron sus revolucionarias teorías expulsándolo del Colegio de Médicos, y en 1849 se le obligó a dejar Viena.
En 1856 desesperado publicó una carta abierta a los obstetras vieneses en la que los tildaba de “asesinos...”., tras lo que se le tachó de loco y fue encerrado en un hospital psiquiátrico. En una salida (1865) acudió a una sala de autopsias e intencionadamente se hirió con un bisturí, muriendo a los pocos días de una septicemia.

"CARTA ABIERTA A TODOS LOS PROFESORES DE OBSTETRICIA
"Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, ¡ay!, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho... ¡Asesinos! Llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal. Contra ellos, me levanto como resuelto adversario, tal como debe uno alzarse contra los partidarios de un crimen! Para mí, no hay otra forma de tratarles que como asesinos. ¡Y todos los que tengan el corazón en su sitio pensarán como yo! No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias..." (wikipedia)

La historia de Ignaz Semmelweis es conmovedora y no nos debe dejar indiferentes. Conmovedora porque demuestra la cerrazón, el orgullo desmedido de los médicos de la época que se blindaron a todo lo que fuera un mínimo de autocrítica, de reconocimiento del error y de avance científico, en una época donde aún no se conocía que los microorganismos eran la causa de las enfermedades infecciosas; y por otro el tesón y la voluntad hasta la desesperación de un hombre, desconocido en ese momento, por descubrir la verdad y cambiar la mentalidad y la práctica medica de sus colegas con la que mejorar la salud de la mujeres.

1 comentario:

Antonio R. dijo...

Magnífica esta reseña , que viene a recordar cómo las grandes ideas y observaciones siempre han tenido que luchar contra la incomprensión y el poder establecido. Un ejemplo a seguir para todos los niveles de la Medicina y en especial para nuestra querida A. primaria en tiempos de tribulación. Saludos y enhorabuena por la entrada