jueves, 26 de noviembre de 2020

¿Es sano cocinar con aceite de coco?

¿Es sano cocinar con aceite de coco?

Muchas veces me pregunto por el hecho de si las concentraciones de ácidos grasos saturados de ciertos alimentos se corresponden linealmente con las concentraciones de los mismos en el plasma sanguíneo de los individuos que  los consumen.

Hoy hablamos  de aceites vegetales que por su procedencia a priori tenemos la sensación de que son más sanos que las grasas procedentes de animales, sea del tocino, del huevo, de la carne...

Del huevo hemos hablado en el blog de la redGDPS y el tema no queda claro, ni siquiera en variables intermedias como las LDL-colesterol, y menos en las finales como mortalidad cardiovascular (MCV).

Hoy hablamos de aceite de coco, un aceite que se compone principalmente por ácidos grasos saturados de cadena media tipo ácido láurico (12 átomos de carbono) y otros ácidos grasos saturados de cadena larga como el mirístico (14 átomos de carbono) y el palmítico (16 átomos de carbono). Unos ácidos grasos que también se encontrarían en la grasa láctea, y el aceite de palma y que aumentarían el LDL-c.

Un producto vegetal alto en grasas saturadas que a priori aumentaría el colesterol plasmático aunque se le achacan efectos controvertidos sobre el riesgo cardiovascular (RCV), y es que como en el huevo, las variables intermedias no siempre se corresponden con los resultados finales. El hecho de tratarse de un producto vegetal ha hecho hasta no hace poco tiempo que se considerara un alimento saludable, así una encuesta americana del 2016 mostró como el 72% de los ciudadanos de EEUU así lo consideraban.

Una revisión sistemática anterior de Laurence Eyres et al (2016) ya sobre 8 ECA y 13 estudios observacionales mostró como que el aceite de coco aumentaba las LDL-c y el colesterol total por encima de los aceites poliinsaturados cis pero menos que la mantequilla. Si bien es cierto que en un contexto observacional la pulpa del coco o el coco exprimido no se asociarían con efectos cardiovasculares (CV) adversos. 

El problema surge cuando se cambian aceites vegetales no tropicales por aceite de coco en el consumo que podría de alguna manera alterar el perfil lipídico 

En este caso  se hizo una revisión sistemática sobre el efecto del consumo de aceite de coco en las concentraciones de lípidos en la sangre y otros factores de riesgo cardiovascular (FRCV) en comparación con otros aceites que se utilizan para cocinar, extraídos de ensayos clínicos (ECA) ad hoc.

Se hizo una búsqueda de ECA que incluyeran los efectos de consumo de aceite de coco en comparacion con otras grasas durante al menos 15 días antes, en bases de datos médicas como  PubMed, SCOPUS, Cochrane Registry, y Web of Science hasta junio del 2019. La selección de los artículos se hizo siguiendo los criterios de calidad de la Guía de Práctica Clínica (GPC) PRISMA  (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses). 

En los objetivos se incluyó a la low-density lipoprotein cholesterol (LDL-c), a la high-density lipoprotein cholesterol (HDL-c), el colesterol total, triglicéridos (TRIG), marcadores de grasa corporal, de inflamación sistémica y de la glucemia.

Los datos se agruparon y analizaron utilizando un sistema estadístico por metaanálisis de efectos aleatorios. Se procesaron al final 16 artículos según las variables. Todos ellos analizaron los lípidos; sin embargo, 8 el peso corporal, 5 el porcentaje de grasa corporal, 4 la circunferencia de cintura, 4 la glucosa plasmática en ayunas y 5 la proteína C reactiva.

Según este análisis el consumo de aceite de coco incrementa los niveles de LDL-c en 10,47 mg/dl (IC 95% 3,01-17,94; I2 = 84%, n=16) y el HDL-c en 4,00 mg/dl (IC 95% 2,26-5,73; I2 = 72%, n=16), pero no los TRIG, ni el peso, la grasa corporal, la glucemia o los parámetros de inflamación general con respecto a otros aceites vegetales no tropicales. Unos resultados que se mantuvieron tras excluir estudios no aleatorizado o de escasa calidad (puntuación de Jadad inferior a 3).

Por otro lado, el consumo de aceite de coco no afecta significativamente a los marcadores de la glucemia, inflamación y adiposidad cuando se comparaban con otros aceites vegetales no tropicales.
Concluyen que el consumo de aceite de coco aumenta significativamente las LDL-c en comparación con aceites vegetales no tropicales. 

Es conocido que el LDL-c es el mayor factor de riesgo CV (RCV) de modo que a priori el aceite de coco aumentaría el RCV de quienes lo consumen; sin embargo no afecta al metabolismo glucémico, ni a los parámetros de inflamación; de ahí que faltarían estudios que evaluaran el consumo de aceite de coco sobre el infarto agudo de miocardio, el accidente vasculocerebral o la insuficiencia cardíaca, que a día de hoy no existen. 

 Nithya Neelakantan , Jowy Yi Hoong Seah, Rob M van Dam .The Effect of Coconut Oil Consumption on Cardiovascular Risk Factors: A Systematic Review and Meta-Analysis of Clinical Trials. Circulation . 2020 Mar 10;141(10):803-814. doi: 10.1161/CIRCULATIONAHA.119.043052. Epub 2020 Jan 13.

Mahshid Dehghan , Andrew Mente, Sumathy Rangarajan, Viswanathan Mohan, Scott Lear, Sumathi Swaminathan , Andreas Wielgosz, et al.  Association of egg intake with blood lipids, cardiovascular disease, and mortality in 177,000 people in 50 countries. Am J Clin Nutr . 2020 Apr 1;111(4):795-803. doi: 10.1093/ajcn/nqz348.

Laurence Eyre, Michael F Eyres, Alexandra Chisholm, Rachel C Brown. Coconut oil consumption and cardiovascular risk factors in humans. Nutr Rev . 2016 Apr;74(4):267-80. doi: 10.1093/nutrit/nuw002. Epub 2016 Mar 5.

Frank M Sacks . Coconut Oil and Heart Health: Fact or Fiction?. Circulation . 2020 Mar 10;141(10):815-817. doi: 10.1161/CIRCULATIONAHA.119.044687. Epub 2020 Jan 13.

https://www.medscape.com/viewarticle/929357

sábado, 21 de noviembre de 2020

El cese de un Jefe de Servicio visto desde la Atención Primaria

El cese de un Jefe de Servicio visto desde la Atención Primaria

Una de las características que diferencian nuestro sistema sanitario de los de nuestro entorno es que es eminentemente público, los empleados son casi-funcionarios lo que les da una gran estabilidad y seguridad. El que sea público hace que los objetivos sanitarios sean en buena medida políticos, de modo que cualquier situación que se genere se aborda desde esta óptica; e independientemente de lo que se haga, lo importante justamente son los resultados y sobre todo su repercusión a nivel de los medios de comunicación, algo que estamos viendo cada día con la epidemia del COVID-19.

Hago esta introducción pues explica, desde mi óptica, como un simple cese de un Jefe de Servicio, que debería ser la normalidad,  haya degenerando en concentraciones, escritos, editoriales, reportajes y manifestaciones de políticos al respecto. Solo esta repercusión en sí ya muestra un fallo de cálculo del gerente y por tanto de los resultados de su gestión (básicamente políticos). Y todo ello independiente de que el mismo está en su perfecto derecho de cesar (en el caso de cargo de confianza) y poner a quien se adapte mejor al perfil de autoridad que necesita para un determinado cometido.

Vaya por delante que no conozco al médico cesado, a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) (un servicio con escasa relación con la Atención Primaria- AP), ni al gerente a nivel personal. Tampoco tengo cargo administrativo, ni aspiraciones de tenerlo, me gusta la medicina de familia, y espero jubilarme haciendo lo que  me gusta. Y tampoco conozco los detalles de índole personal entre los implicados.

Dicho esto, en esta cuestión y en este momento, todos hemos perdido algo. Aún, restituyendo en el cargo al Dr Fernandez-Cid, o por el contrario dejándolo en la situación de cesantía;  o colateralmente,  dimitiendo el gerente, tal como reclamaban los manifestantes, todos hemos perdido algo. Si gana el galeno y vuelve a su jefatura, se merma la autoridad del gerente a poder nombrar el jefe del servicio que sea de su confianza en pos de un objetivo determinado; si se deja tal como esta, se crea y  mantiene un mal ambiente laboral, un clima de desconfianza entre los trabajadores y la gerencia.

Sin embargo, esta situación ha ocurrido otras veces y no ha generado esta reacción.  ¿Qué ha pasado?... De ahí que entienda que sea un error de cálculo de la situación, básicamente.

Y es que justamente,  desde la óptica de la AP,  la práctica de cesar  jefes de servicio no es corriente.  Por lo general se tienden a mantener el statu quo, incluso en servicios que no funcionan correctamente  ille tempore, pasándose la “patata caliente” de un gerente a otro. Y no hablo de la UCI. 

Situaciones que no se atreven a abordar por las características de los servicios y de sus integrantes, y que cuando desde la AP se plantea el problema para intentar solucionarlo (pues nos afecta a los médicos de AP), se nos contesta  algo así: “ya les falta poco para jubilarse”.

Y que esta es una complicación habitual de nuestro rígido sistema, situaciones anómalas enquistadas, cerradas en si mismas, sin posible arreglo, pues nadie se atreve a meterle mano. Y estoy pensando en otros servicios, no en la UCI. 

Aun reconociendo la valía del médico cesado, su derecho a conocer la causa real de su cese, y mi deseo de que sea restablecido en su puesto si es lo correcto para la actual situación de estrés por la epidemia que padecemos; creo que nadie es imprescindible en nuestro sistema;  cambian los directores de AP, de hospital, gerentes, coordinadores de Centros de Salud (CS),… y también creo, deben cambian los jefes de los servicios especializados.  El problema justamente se crea al profesionalizar los cargos, eternizarlos en el puesto, crear derechos consolidados … como con los políticos, vamos.

Con todo, y para finalizar, me ha sorprendido a efectos comparativos la reacción que hubo entre los médicos hospitalarios y los medios de comunicación sobre la huelga que hicimos el mes pasado en pos de una reivindicaciones justas en esta situación de pandemia, y que continuarán al parecer cada mes, frente las reacciones de estos días por el cese en el cargo de  jefe de un servicio hospitalario de este compañero. 

En fin, no lo entiendo, probablemente me he perdido algo.

Mateu Seguí Díaz

Médico de Familia

Seguí Díaz Mateu. El cese de un Jefe de Servicio visto desde la Atención Primaria. Es Diari MENORCA 18-11-2020: 33. https://www.menorca.info/

https://www.menorca.info/menorca/local/2020/11/16/701089/salud-negocia-readmision-fernandez-cid-como-jefe-uci.html


 

lunes, 16 de noviembre de 2020

El yoga y la ansiedad generalizada

El yoga y la ansiedad generalizada

La práctica del yoga es uno de esos temas que me invita a leer todo lo que se publica de actualidad con estudios serios; dado que ésta, de una manera más o menos ortodoxa la tengo aplicada a mi vida desde que era adolescente.
Como sabe todo el mundo, el yoga, más que una actividad física con la que mantenerse sano, es algo más completo pues combina ejercicios pausados y mantenidos, con la respiración y la meditación o la  concentración. El más famoso, el que yo practico con más o menos acierto, es aquel que se basa en posturas (asanas) combinadas con ejercicios de respiración (pranayamas), y relajación, con o sin meditación (dyana). 

Es una práctica beneficiosa pero que si no se adapta a la edad y las condiciones del individuo que la practica puede producir, aunque remotamente, lesiones; de ahí que se debe ir añadiendo o quitando posturas según la edad máxime si se practica de una manera regular durante la mayor parte de la vida del individuo. Si se empieza a una cierta edad lógicamente se deberá adaptar a la situación física del iniciado. 

Queda claro, y lo han demostrado diversos estudios serios al respecto, que tiene efectos beneficiosos a nivel  osteoarticular, a nivel cardiovascular, sobre el control metabólico del paciente con diabetes y sobre el humor (depresión) y la ansiedad.
Hoy hablamos sobre esto último. 

Sobre lo que se llama el síndrome de ansiedad generalizada (SAG) y sobre un artículo publicado en  JAMA Psychiatry el agosto pasado. 
El SAG aún siendo muy frecuente solo se atiende a la mitad de los pacientes que lo sufren, pues se padece como si fuera una parte consustancial de la personalidad, como una manera de ser. Para el tratamiento del mismo se utilizan fármacos, psicoterapia, terapia cognitivo-conductual (TCC)...
Esta última está demostrando ser útil y efectiva sin embargo tiene problemas de eficiencia debido a su coste y otras razones, de ahí que se busquen terapias alternativas más accesibles y menos costosas como el yoga.

En el yoga aunque existen evidencias sobre su acción sobre la ansiedad, no son del todo contundentes. Hoy hablaremos de ésta.

En este caso se utiliza un tipo de yoga el Kundalini yoga (KY) más enfocado en ejercicios respiratorios y meditación y se compara a efectos de no inferioridad  con el  TCC (gold standard). Para ello se diseña un ensayo clínico aleatorizado (ECA) que evalua la eficacia del KY comparándolo con una psicoterapia de primera línea validada como es la “educacion del estres” (EE) y la TCC en el manejo de la SAG. Para evaluar la mejoría se aplicó la puntuación de una  escala validada la “Clinical Global Impression of Improvement (CGI-I)”

El estudio “Generalized Anxiety: A Treatment Evaluation(GATE)” se trata por tanto de un ECA prospectivo con 3 ramas en grupos paralelos, simple ciego (evaluadores independientes enmascarados) con las que evaluar la eficacia a  las 12 semanas de la KY (93), la TCC (90) y la EE (43) en el tratamiento del SAG. Comparando la superioridad de la  KY, y de la TCC frente a la EE, y la no inferioridad de la  KY frente a  la TCC.

Se inició diciembre del 2013 y se evaluó en octubre del 2019.
Cada rama de tratamiento se distribuyó en grupos de 4-6 participantes con dos instructores durante 12 sesiones de 120 minutos y 20 minutos de trabajo de uno mismo en su domicilio. 

Se evaluaron a 226 pacientes con el diagnóstico primario de SAG con una edad media de 33,4 (desviación estandard -DE 13,5) años, siendo el 69,9% (158) mujeres. De éstos 155 individuos (68,6%) completaron la evaluación pos tratamiento realizado.
Las tasas de respuestas al tratamiento fueron más altas en el grupo de KY (54,2%) que en el grupo del EE (33%), siendo la tasa aleatoria en forma de odds ratio [OR] de 2,46 (IC 95% 1,12-5,42]; p  = 0,03; con un número necesario a tratar (NNT) 4,59 (IC 95% 2,52-46,19); y de la misma forma con el TCC (70,8%) frente al EE (33%) con una OR 5,00 (IC 95% 2,12-11,82; p inferior a 0,001; y un 2,62 ( IC 95% 1,91-5,68). 

Con ello de demostró que tanto el KY como el TCC son superiores a la educación EE en el tratamiento del SAG , sin embargo entre ellas no se demostró la no inferioridad siendo más efectiva la TCC, una diferencia del un 16,6%  p 0,42 para no inferioridad.

Concluyen que el KY es eficaz para el tratamiento del SAG, sin embargo, los resultados de este estudio posicionan a la TCC en una situación superior al KY y más prolongada en el tiempo. El KY tendría propiedades ansiolíticas a corto plazo en ciertos individuos pero sus efectos son menos persistentes en el tiempo que la TCC, aunque tendría un papel dada su fácil acceso y menor coste.

Con todo, aún siendo un estudio riguroso y muy bien diseñado, la validez externa del KY y de la TCC por el tipo de sesiones utilizadas (120 minutos y dos monitores en grupos pequeños), le restan en mi opinión fuerza en el  mundo real. Con todo, no son malas noticias.  

Naomi M Simon , Stefan G Hofmann, David Rosenfield, Susanne S Hoeppner, Elizabeth A Hoge 5, Eric Bui , Sat Bir S Khalsa  Efficacy of Yoga vs Cognitive Behavioral Therapy vs Stress Education for the Treatment of Generalized Anxiety Disorder: A Randomized Clinical Trial. JAMA Psychiatry . 2020 Aug 12. doi: 10.1001/jamapsychiatry.2020.2496. Online ahead of print.

Cramer H, Lauche R, Anheyer D, et al. Yoga for anxiety: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Depress Anxiety. 2018;35(9):830-843. doi:10.1002/da.22762

Hofmann SG, Andreoli G, Carpenter JK, Curtiss J. Effect of Hatha yoga on anxiety: ameta-analysis. J Evid Based Med. 2016;9(3):116-124. doi:10.1111/jebm.12204

Seguí Díaz M. La práctica del yoga más allá del bienestar físico y mental. Es Diari MENORCA. 12-06-2018: 18. http://menorca.info/

Lakkireddy D, Atkins D, Pillarisetti J, Ryschon K, Bommana S, Drisko J, Vanga S, Dawn B.  Effect of yoga on arrhythmia burden, anxiety, depression, and quality of life in paroxysmal atrial fibrillation: the YOGA My Heart Study. J Am Coll Cardiol. 2013 Mar 19;61(11):1177-82. doi: 10.1016/j.jacc.2012.11.060. Epub 2013 Jan 30.

Chu P, Gotink RA, Yeh GY, Goldie SY, Hunink M. The effectiveness of yoga in modifying risk factors for cardiovascular disease and metabolic syndrome: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. European Journal of Preventive Cardiology December 15, 2014 2047487314562741.

Thind H, Lantini R, Balletto BL, Donahue ML, Salmoirago-Blotcher E, Bock BC, Scott-Sheldon LA. The effects of yoga among adults with type 2 diabetes: A systematic review and meta-analysis.Prev Med. 2017 Dec;105:116-126. doi: 10.1016/j.ypmed.2017.08.017. Epub 2017 Sep 4.

Innes, K.E, Selfe, T.K. Yoga for adults with type 2 diabetes: a systematic review of controlled trials. J Diabetes Res 2016, 6979370.

Hegde SV, Adhikari P, Kotian S, Pinto VJ, D'Souza S, D'Souza V. .Effect of 3-Month Yoga on Oxidative Stress in Type 2 Diabetes With or Without Complications: A controlled clinical trial. Diabetes Care. 2011 Oct;34(10):2208-10. Epub 2011 Aug 11.

Entrevista a raiz del post

https://play.cadenaser.com/audio/1606733641_455159/  

domingo, 15 de noviembre de 2020

La Esfinge de los hielos de Julio Verne

La Esfinge de los hielos de Julio Verne

Hace días que no subo libros, pues la actualidad hace que no me quede espacio en el blog con la que está cayendo en el monotema del COVID-19.
He leído varios y alguno como éste estuve dudando si comentarlo o no. Sin embargo, de la misma forma que el libro de  Dersu Uzala de Vladimir Arseniev, aun siendo antiguos tienen aspectos que su lectura emociona y por tanto mantienen su actualidad.
En aquel por ser una crónica real; y éste por ser uno de los muchos que publicó Julio Verne en una época en la que los descubrimientos se intuían pero no eran una realidad.
Sorprende de éste, por ejemplo, la idea que se tenía de la Antártida, y como la redacción del libro desde la ciencia de aquel momento te haría creerte lo relatado como si fuera cierto si no lo leyeras en la actualidad. Ciertamente, debe tomarse como ciencia ficción sobre un futuro que ha llegado y que es diferente a lo escrito en su tiempo.
 Libro como todos los de Julio Verne de fácil lectura, con una narración atractiva, algo de suspense y un final, en este caso, no del todo esperado. Recomendable.

Random House Mondadori SA. Barcelona 2011

sábado, 7 de noviembre de 2020

¿Es posible controlar la epidemia de COVID-19 con el rastreo de contactos y aislamiento?

¿Es posible controlar la epidemia de COVID-19 con el rastreo de contactos y aislamiento?

Hace meses nos hicimos eco de diversas simulaciones matemáticas según las cuales la epidemia de la “coronavirus disease 2019” (COVID-19) habría finalizado este verano. La realidad no ha sido así. Tal vez si hubiera evolucionado de esa manera si no hubiera habido una intervención externa y cada individuo no se hubiera protegido evitando los contactos, creando una inmunidad grupal la evolución de la epidemia hubiera sido más rápida, y no sabemos si más mortífera (no existen modelos comparativos)

Sin embargo, la realidad fue que tras una primera ola de contagios y gran cantidad de fallecimientos en pacientes de riesgo sin ninguna protección (geriátricos, más de 20.000 muertos en España…),  se introdujeron medidas con las que detectar primero y evitar el contagio después de los pacientes infectados con la COVID-19,  con las que demorar la trasmisión comunitaria, alargarla en el tiempo con el objetivo puesto en una vacuna, que no acaba de llegar. 
Y en esas estamos.

A veces pienso que si esta epidemia se hubiera dado hace 40 años, cuando empecé a ejercer, el resultado hubiera sido distinto, no se si hubiera habido menos fallecimientos,  pero sobre todo hubiera sido mucho más corta, pero esto da pie a otro post.
Hoy comentamos un artículo que ha circulado recientemente, un modelo matemático que intenta determinar las condiciones con las que el aislamiento y seguimiento de los contactos de personas con la COVID-19 serían suficientes para el control de una nueva ola epidémica por el virus COVID-19 en ausencia de otras medidas de control. 

En este se define como un brote epidémico controlado cuando no existen casos del mismo a los 3 meses del inicio independientemente del tamaño del mismo y el número de casos semanales documentados, situación que creo (¿?) en la actualidad no se ha dado en ningún país.

Según éste y teniendo en cuenta el escenario más habitual, el aislamiento de los casos confirmados con el control y aislamiento de los contactos como únicas medidas, serían insuficiente para el control de los brotes epidémicos por COVID-19, y en la mayoría de ellos aun un rastreo de contactos perfecto sería insuficiente para su control, requiriendo otras intervenciones para llegar al control del mismo. Con todo, un control efectivo de los contactos podría limitar el número de casos y facilitando el control real de la epidemia.

Y es que el aislamiento de los casos y el rastreo de los contactos es menos efectivo si la trasmisión del virus empieza antes de iniciarse los síntomas, como es el caso. Esto es lo que diferenció a la epidemia del  “severe acute respiratory syndrome (SARS)” original iniciado en China en el 2003, en el que aún existiendo casos probados de trasmisión en individuos asintomáticos, la mayoría de la trasmisión se dio en individuos tras iniciarse los síntomas, no como en el COVID-19. En aquel el rastreo de contactos de los casos sospechosos y aislamiento de los confirmados logró controlar la epidemia.
También algo parecido ha ocurrido con el virus del Ebola y otros coronavirus como el coronavirus el “Middle East respiratory syndrome (MERS)” de gran mortalidad.

Y es que según este artículo señala como la efectividad del aislamiento y el rastreo de contactos depende de dos factores fundamentales; uno, el número de infecciones secundarias generadas por cada nueva infección y, dos: el grado de trasmisión que ocurre antes de que los síntomas aparezcan.

Y es que para reducir la trasmisión antes de la aparición de los síntomas solo se podría prevenir con el rastreo de casos confirmados y el testeo con cuarentena de los contactos.

Para ello aplicaron un modelo de control ramificado de los contactos calculando el número potencial de casos secundarios producidos por cada individuo que se extrae de una distribución binomial negativa. A cada nueva infección potencial se le asignó un tiempo de infección extraído de del intervalo de la distribución de la serie. Los casos secundarios se crearon únicamente por la persona infectada que no fue aislada durante el tiempo que estuvo infectada.

En general asumen que cada persona infectada produce tres infecciones secundarias (este número es el asumido por la distribución binomial negativa), pero solo dos podrían ocurrir antes de que el caso fuera aislado. De ahí que minimizar el retraso entre el inicio de la infección y el aislamiento podría reducir el número de casos secundarios.

Se simuló un proceso epidémico de ramificación de casos desde 5, 20 o 40 casos con el que representar diferentes magnitudes de un nuevo episodio epidémico. Se aislaron los casos sintomáticos tras el inicio de los síntomas tras un cierto retraso según la distribución. Se aplicó un modelo de trasmisión estocástico configurado a la epidemia del COVID-19, con el que cuantificar la potencial efectividad del rastreo de contactos y el aislamiento de los casos para controlar un patógeno similar al COVID-19 aplicado a diferentes escenarios con diferente número de casos iniciales, el número básico (R0) de reproducciones y el retraso del inicio de los síntomas hasta el aislamiento, la posibilidad que se rastrearan los contactos, la posibilidad de la trasmisión de la misma antes de que los síntomas de la enfermedad aparecieran y la proporción de infecciones subclínicas.

Los brotes se consideraron controlados cuando la trasmisión finalizó dentro las 12 semanas o antes de 5.000 casos en total.

Así en simulaciones con 5 casos iniciales, un R0 de 1,5 y ninguna transmisión antes de aparecer los síntomas podría ser controlado incluso con escaso rastreo de los contactos; sin embargo, el control de la epidemia se haría complicado teniendo un número inicial de casos parecido pero si el R0 fuera de entre 2,5 y 3,5 (que es lo habitual) y la existencia de trasmisión antes de que los síntomas aparezcan. Incluso con diferente número de casos la mayoría de escenarios que incluyeran una R0 de 1,5 sería controlable con menos de 50% de los contactos rastreados. 

Sin embargo, para el control de la mayoría de las epidemias con un R0 de 2,5 se precisaría más del 70% de los contactos rastreados y en el caso de R0 de 3,5 más del 90%.

El retraso entre el inicio de los síntomas y el aislamiento serían los factores más importantes para determinar si una epidemia es controlable cuando la R0 fuera del 1,5. En el caso de R0 entre 2,5-3,5 con 40 casos iniciales el rastreo de contactos y el aislamiento serían potencialmente factibles si solo un 1% de la trasmisión ocurriera antes del inicio de los síntomas.

En estos casos postulan que el rastreo de contactos y aislamiento serían altamente efectivos en el control de un nuevo brote epidemico por la COVID-19 durante los 3 primeros meses. Y es que la probabilidad del control de los contactos decrece cuanto mayor es el retraso entre el inicio de los síntomas y el aislamiento del sujeto infectado, con ello se detectan menos casos mediante el rastreo de los contactos aumentando aquellos que trasmiten el virus antes de  los síntomas.

Concluyen que en la actualidad solo es posible el control de la epidemia por COVID-19 si los niveles de rastreo de contactos y aislamientos son extremadamente elevados. Aún así, si existe una trasmisión antes de los síntomas esta estrategia no alcanzaría su objetivo hasta los 3 meses.

Joel Hellewell , Sam Abbott , Amy Gimma , Nikos I Bosse , Christopher I Jarvis , Timothy W Russell. Feasibility of controlling COVID-19 outbreaks by isolation of cases and contacts. Lancet Glob Health . 2020 Apr;8(4):e488-e496. doi: 10.1016/S2214-109X(20)30074-7. Epub 2020 Feb 28.


domingo, 1 de noviembre de 2020

¿Qué riesgo tienen los niños de ingresar en el hospital por COVID-19?

¿Qué riesgo tienen los niños de ingresar en el hospital  por COVID-19?

Si hay un tema que nos preocupa es la repercusión de la infección por el virus COVID-19 en los niños. En un escrito anterior (Es Diari 22-09-2020) comentaba que como los niños, sea por recuerdo inmunológico de coronavirus respiratorios padecidos anteriormente o porque tendrían menos receptores que facilitan al virus entrar en la célula (los ACE-2), se contagian menos, y por ello trasmiten menos la enfermedad. Sin embargo, en el caso que se contagien, ¿cual es su pronóstico?.

Como comenté las series iniciales de población infectada provenientes de China ya señalaba como este virus afectaba menos a los niños, no habían fallecimientos y su evolución era muy leve. Como un resfriado.   A raíz de los artículos de Götzinger et al y de Wang et al  comentamos que los niños ingresados eran pequeños y muchos de ellos con  enfermedades médicas previas, siendo el fallecimiento de éstos extremadamente raro. Sin embargo, nos quedaba la duda de cuál es realmente el pronóstico de un niño que se contagia por dicho virus, pues según los medios de comunicación, que solo muestran intencionadamente los casos hospitalizados, nos queda la idea de que cualquier niño puede complicarse y acabar en el hospital. ¿Es realmente así?

He pensado en esta cuestión cuando he leído los resultados de una encuesta de salud de base poblacional americana (Associated Hospitalization Surveillance Network (COVID-NET)) sobre  576 niños menores de 18 años  hospitalizados por este virus, provenientes de 14 estados de EEUU y publicado en el   Morb Mortal Wkly Rep (MMWR ) recientemente sobre datos entre marzo y julio del presente año.

Según éste la hospitalización por este motivo en niños menores de 18 años es extremadamente baja,  de solo 8 por 100.000 personas (hay estudios que lo comparan con la gripe), siendo mayor en niños menores de 2 años (24,8) y  menor entre los niños entre 5-17 años (6,4). Destacan que solo en los menores de 3 meses llegaron al 18,8% de los ingresos.

En dicho país diferencian entre niños hispanos, no hispanos de raza negra y blancos, teniendo los primeros algo más riesgo de hospitalización (16,4 y 10,5 casos por 100.000 personas respectivamente), que los niños blancos, pero en cualquier caso un riesgo muy bajo. De aquellos niños de los que se tenía información, la principal condición relacionada con el ingreso fue la obesidad (37,8%), y luego las enfermedades pulmonares crónicas (18%) o ser niños prematuros en niños menores de 2 años (15,4%)

En cuanto a los pocos que ingresaron, un tercio de ellos acabó en Cuidados Intensivos (UCI), un porcentaje parecido al de los adultos, pero solo 5,8% necesitó ventilación mecánica, y solo un niño falleció (tenía enfermedades subyacentes previas).

Si comparamos con los adultos (ingresos de 164,5 casos por 100.000 habitantes) las tasas de ingresos en el hospital  de los niños son mucho más bajas (de solo 8 por 100.000) lo que indica que si realmente esta infección pudiera tener  un desenlace grave sería  básicamente en la población adulta, pero no en los niños.

Así que tranquilos. 

Mateu Seguí Díaz
médico de familia
UBS Es Castell

Seguí Díaz M. ¿Qué riesgo tienen los niños de ingresar en el hospital  por COVID-19?.. Es Diari MENORCA. 25-10-2020: 25  https://www.menorca.info/

Lindsay Kim, Michael Whitaker, Alissa O'Halloran, Anita Kambhampati, Shua J Chai, Arthur Reingold, et al, COVID-NET Surveillance Team Hospitalization Rates and Characteristics of Children Aged <18 Years Hospitalized with Laboratory-Confirmed COVID-19 - COVID-NET, 14 States, March 1-July 25, 2020. MMWR Morb Mortal Wkly Rep . 2020 Aug 14;69(32):1081-1088. doi: 10.15585/mmwr.mm6932e3.