Sobre la exactitud de los termómetros periféricos en la medición de la temperatura corporal
El cambio de los termómetros de mercurio a los digitales ha hecho que muchos no acabemos de creernos los valores que estos últimos nos proporcionan. Tanto por infraestimación, valores de incompatibles con la vida, valores que no corresponden con la clínica del paciente (temperatura subjetiva, frecuencia cardíaca, estado general…) como por sobreestimación (41 c) que nos alarman innecesariamente.
La temperatura corporal es un síntoma que nos permite establecer un diagnóstico, nos ayuda a conocer cuál es el estado clínico del paciente y a controlar el seguimiento. El tratamiento de la misma, como si de una enfermedad se tratase, es harina de otro costal.
Para ello traemos a colación una revisión sistemática y metaanálisis con el objetivo de determinar la exactitud de los termómetros periféricos en la estimación de la temperatura corporal en adultos y niños.
Para ello se hizo una búsqueda de estudios prospectivos que compararan la exactitud de los termómetros periféricos (timpánicos, arteria temporal, axilar o oral) con termómetros centrales (catéter arteria pulmonar, vejiga urinaria, esofágica o rectal), en bases de datos médicas de MEDLINE, EMBASE, Cochrane Central Register of Controlled Trials, y la CINAHL Plus hasta julio del 2015.
De los resúmenes y artículos identificados se seleccionaron 75 estudios (8682 pacientes). La mayoría de estos estudios tenían, o un alto o incierto riesgo de selección de los pacientes (74%), o un sesgo en la prueba índice (67%). En comparación con los termómetros centrales, los termómetros periféricos tuvieron un 95% de coincidencia en los limites (metaanálisis de efectos aleatorios) fuera del rango clínicamente aceptable (+/- 0,5ºC -grados centígrados-), especialmente en los pacientes con fiebre (de -1,44º C a 1,46º C en los adultos; y de -1,49º C a 0,43º C en los niños) y en la hipotermia (-2,07ºC a 1,90º C en los adultos; no existen datos en niños). En la detección de la fiebre (metaanálisis de efectos aleatorios bivariante) la sensibilidad fue baja del 64% (IC 95% 55- 72%; I2 = 95,7%; P inferior a 0,001) pero la especificidad fue alta del 96% (IC 95%, 93- 97%]; I2 = 96,3%; P inferior a 0,001).
Destacan como factores limitantes de las conclusiones del metaanálisis que la calidad de las mediciones según las técnicas utilizadas fueron limitadas. A su vez el análisis de los datos combinados acusan la heterogeneidad de los estudios que no se explica por la estratificación de los mismos o el análisis por metaregresión.
Concluyen que los termómetros periféricos no tienen una exactitud clínicamente aceptable y no deberían utilizarse en los casos que la medición exacta de la temperatura corporal se precisara para tomar decisiones clínicas.
Sin embargo, según el análisis de los datos el hecho de que el termómetro se encontrara en el rango de fiebre no nos lo aseguraría con certeza (64%), sin embargo, si marcara normalidad, casi seguro que no tendría fiebre en un 96%.
Falta conocer las diferencias que pudieran existir según el tipo de termómetro periférico y sistema de uso.
Niven DJ, Gaudet JE, Laupland KB, et al. Accuracy of Peripheral Thermometers for Estimating Temperature: A Systematic Review and Meta-analysis. Ann Intern Med. 2015 Nov 17;163(10):768-77. doi: 10.7326/M15-1150. (Review)
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lunes, 7 de diciembre de 2015
domingo, 6 de marzo de 2011
¿Debe tratarse la fiebre en el niño?
¿Debe tratarse la fiebre en el niño?La fiebre es un síntoma muy común, y más en la infancia, que llega a suponer el 1/3 de las causas de consulta en estos estratos de edad. Es causa de ansiedad en los padres y de visitas urgentes y llamadas intempestivas a los médicos pues es una situación que alarma a los padres. La excesiva preocupación por la fiebre es denominada actualmente como fiebrefobia, relacionando infundadamente a la fiebre con todo tipo de efectos dañinos sobre el cerebro.
Según nos informa este artículo, que recomendamos, la mitad de los padres consideran que una temperatura corporal inferior a 38°C es fiebre, y un ¼ de ellos dan antipiréticos en temperaturas inferiores a 37.8°C, y hasta un 85% despiertan a sus hijos para administrarles antitérmicos. También, como se hace eco el artículo, hay que decir que la mitad administran incorrectamente los antitérmicos y de estos, lo que es más grave, el 15% lo hacen en dosis superiores a las requeridas en fármacos como paracetamol o ibuprofeno, los más comúnmente utilizados.
La realidad es que la fiebre es considerada una enfermedad en si misma cuando no es más que una reacción fisiológica debido a una respuesta hipotalámica a pirógenos endógenos o exógenos y por tanto beneficiosa pues permite luchar contra la infección, al evitar el crecimiento de los microorganismos y generar la producción de linfocitos T, ayudando a la inmunidad celular. Solo en los casos de niños con enfermedades de base, crónicos, la fiebre podría ser causa de descompensación y de agravamiento al poder descompensarlos metabólicamente –diabéticos..- pero no es lo general.
Con todo, y si bien es cierto que tratar la fiebre tendría el efecto de disminuir el mal estado general y evitar la deshidratación, podría por el contrario, retrasar el diagnóstico, el tratamiento específico y aumentar el riesgo de fármacotoxicidad. No existen evidencia de que la fiebre pueda aumentar el riesgo de daños cerebrales, como comúnmente se cree. No obstante, la fiebre producida por enfermedades infecciosas, debe distinguirse de la hipertermia maligna (temperaturas > 41ºC) por fallo de los mecanismos hipotalámicos de regulación del calor, que puede conducir a convulsiones, delirio, obnubilación y coma. Situación esta extremadamente rara.
El tratamiento de la fiebre es un asunto aún no totalmente dilucidado, y la norma general es intentar que el niño se encuentre lo más confortable posible, sin embargo, el tratamiento de este estado no se debe simplemente a la ausencia de fiebre, pues disminuyendo esta por medios físicos (paños de agua tibia, baños...) disminuye la temperatura sin resolver totalmente el resto de los síntomas. En este aspecto no se recomienda hacer fricciones de alcohol por la posible absorción de este a nivel cutáneo. Es por ello que los antitérmicos además de bajar la fiebre tienen acciones analgésicas y antinflamatorias que mejorarían el estado general del niño. Teniendo más acción cuanta más edad tiene el niño (mayores de 6 años) y cuanta mayor es la temperatura alcanzada.
Otros aspectos que se comentan en el artículo es que no está demostrado que el tratamiento con antitérmicos disminuya la recurrencia de convulsiones febriles, de tal modo que darlos profilácticamente no tiene mucho sentido. Otro, es la práctica de dar antitérmicos antes de inyectar una vacuna para evitar la reacción febril, que se ha demostrado que disminuye la respuesta inmunológica del niño tratado.
El paracetamol es el fármaco que se ha posicionado en primer lugar tras demostrarse la relación entre la aspirina y el síndrome de Reye, y su retirada de esta del mercado en estos estratos de edad. La dosificación es simple y se encuentra entre 10-15 mg/Kg por dosis, cada 4-6 horas, haciendo efecto en el 80% de los niños a los 30-60 minutos.
Dosis más elevadas (de choque) vía oral (30 mg/Kg/dosis) o rectal (40 mg/Kg/dosis) no tienen mayor efecto que la dosis convencional, y aumentan el riesgo de hepatotoxicidad al llegar a dosis tóxicas (más de 90 mg/kg/día), por lo que están desaconsejadas. En este aspecto estarían desaconsejadas las administración de presentaciones de adultos.
El ibuprofeno, sería el segundo fármacos más comúnmente utilizados, siendo su efecto en reducción de la fiebre parecido al del paracetamol a dosis de 10 mg/kg/dosis, y mayor a dosis de 15 mg/kg/dosis.
No existen diferencias en seguridad y eficacia a dosis convencionales entre un fármaco u otro en niños con fiebre de entre 6 meses y 12 años, y si bien es cierto que el ibuprofeno, como cualquier antiinflamatorio (AINE) puede ser causa de gastritis. Por otro lado, no empeora, al contrario de lo que se cree, los síntomas del asma bronquial.
Si que es cierto, algo que no se tiene en cuenta, que el ibuprofeno puede ser causa de nefrotoxicidad, que achacada a todos los AINES, puede conducir a la insuficiencia renal en niño febriles pequeños y deshidratados, por lo que debemos ser cautos al utilizarlo en niños con posible deshidratación o lactantes menores de 6 meses. En estas edades existen otros riesgos como la persistencia del ductus arterioso, la infección por varicela y del estreptococo invasivo del grupo A -aunque los datos hasta el momento son insuficientes.
La alternancia entre ambos es algo corriente (superior al 70% según las encuestas) pero en los 5 estudios identificados en esta revisión, no muestran diferencias con respecto a cada uno de los fármacos por separado en cuanto a la reducción de la temperatura, pero sí en cuanto a la duración de esta y mejoría del resto de síntomas acompañantes. Con todo esta práctica hace más fácil la posibilidad de sobredosificación no intencionada por parte de los padres, algo que puede ocurrir al tiempo que se utilizan otros productos antigripales que tengan a su vez antipiréticos.
The Section on Clinical Pharmacology and Therapeutics and Committee on Drugs
Fever and Antipyretic Use in Children. Originally published online Feb 28, 2011; Pediatrics 2011;127;580-587
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