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jueves, 20 de julio de 2017

La reasignación de sexo en la infancia, de la ideología de género al posible daño generado al niño

La reasignación de sexo en la infancia, de la ideología de género al posible daño generado al niño

Recientemente se puede leer en la prensa noticias sobre la necesidad del reconocimiento de la transexualidad infantil por ciertos colectivos de padres que instan a la administración sanitaria a su atención. La transexualidad en los menores choca con el derecho de los niños y el deber de los padres y de la sociedad de velar por la salud física y mental actual y futura de éstos. La aplicación de tratamientos irreversibles antes de la pubertad es visto como un derecho por algunos padres, y, o por el contrario, como una grave mutilación o un maltrato al que se somete al niño por alguna sociedad científica.
En este aspecto traemos aquí un documento de  la  American College of Pediatricians (ACP) publicado inicialmente en mayo del año pasado pero actualizado en mayo del 2017 en el que se hizo una declaración  urgiendo a los profesionales sanitarios, educadores y legisladores a rechazar políticas que permitan aceptar como normal los cambios médicos o quirúrgicos relacionados con la identidad sexual (reasignación de ésta) en los niños.
Para ello hace una serie de consideraciones en las que señalan que genéticamente la sexualidad biológica es binaria (XX, XY)  y como producto de la concepción se determina en varón o hembra, con el propósito biológico de la reproducción y la perpetuación de la especie humana. Los estados intersexuales, la feminización testicular o la hiperplasia adrenal congénita, son formas patológicas de la norma sexual binaria pero no constituyen un tercer sexo, más bien son alteraciones médicas.
Que nadie nace con un género definido solo con un sexo biológico. El género es la conciencia de sentirse varón o mujer, y sería por tanto un concepto sociológico o psicológico no un objetivo biológico en sí mismo. Esta conciencia se desarrolla con el tiempo y puede ser modificada según las percepciones, relaciones y experiencias del niño.
Señalan que la creencia de que uno pertenecen al sexo que no tiene en estas edades se encuentra en la mente no en el cuerpo, y esto se denomina psiquiátricamente como “Disforia de Género (DG)” o anteriormente denominada “Trastorno de Identidad de Género”, una alteración mental recogida en la última edición del “Diagnostic and Statistical Manual of the American Psychiatric Association (DSM-V)”, señalan.
Apuntan que la pubertad no es una enfermedad y que bloquearla con hormonas puede ser peligrosa.
Según esta declaración, y remitiéndose al  DSM-V, más del 98% de los chicos con confusión de género y el 88% de las chicas en esta situación, aceptan su sexo biológico  tras pasar de manera natural su pubertad. Los chicos/as con DG prepuberal a los que se les produce un bloqueo puberal antes de los 11 años de edad necesitaran hormonas sexuales cruzadas más allá de la adolescencia. Estas hormonas (tetosterona y estrógenos) están asociadas con riesgos para la salud que van desde las enfermedades cardiovasculares al cáncer. Por último, señalan que las tasas de suicidios son hasta 20 veces más altas entre los adultos que utilizan hormonas cruzadas o han presentado una cirugía de reasignación de sexo. 
Por todo ello, la ACP manifiesta en este documento que hacer creer a los niños que los tratamientos quirúrgicos o hormonales para la reasignación del sexo contrario es algo normal o saludable debería ser considerado como un abuso al que se somete a los niños/as.
No cabe duda que se trata un contrapunto del todo necesario a las noticias y reinvindicaciones que vamos leyendo y sobre el cual alguna sociedad científica española ya se ha pronunciado de una manera podríamos decir más ecléptica. Con todo, un  tema complicado por la falta de evidencias y las implicaciones futuras en el menor. Adjunto algunas direcciones

Se puede leer íntegramente el original de esta declaración en la dirección que se adjunta.

Gender Ideology Harms Children
http://www.acpeds.org/the-college-speaks/position-%20statements/gender-ideology-harms-children

Documento de posicionamiento: Disforia de Género en la infancia y la adolescencia. Grupo de Identidad y Diferenciación Sexual de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (GIDSEEN)
http://www.endocrinologiapediatrica.org/revistas/P1-E15/P1-E15-S590-A275.pdf

Ferragut Soler A. La transexualidad infantil quiere dejar de ser tabú. La Vanguardia. 17/07/2017 

Consellería de Salud de la Junta de Andalucía. Atención sanitaria a personas transexuales en la infancia y adolescencia Proceso Asistencial Integrado

CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE.Junta de Andalucía. Dirección General de Participación y Equidad. PROTOCOLO DE ACTUACIÓN SOBRE IDENTIDAD DE GÉNERO EN EL SISTEMA EDUCATIVO ANDALUZ



domingo, 17 de abril de 2016

Sobre la vida sexual “normal”

Sobre la vida sexual “normal”

Traigo aquí un pequeño reportaje sobre un tema del que se habla mucho pero, por lo que se ve se sabe poco, o lo que se sabe no es completamente cierto. Y es el tema de lo que entendemos por una “vida sexual normal”. Viene a colación al desconocimiento que tenemos incluso  entre los médicos cuando en una sesión clínica dos doctoras manifestaron extrañadas que algunos pacientes les habían manifestado que ellos “no tenían ni habían tenido nunca ningún deseo sexual”. ¿Es eso posible?. ¿Es normal o patológico?. Pero, ¿qué es patológico en el comportamiento sexual?
La realidad es que el efecto péndulo a nivel social nos ha hecho venir de una época asexuada por la religión, las costumbres sociales y el sistema político, al menos en España, a una época, en mi opinión, de hipersexualización de la sociedad y en donde tener relaciones sexuales frecuentes es poco menos que rasgo de normalidad y la falta de ellas una rareza o un signo de enfermedad. No tener un deseo sexual (distinto a no tener relaciones) es signo de anormalidad, de enfermedad, (la realidad es que existe medicación al respecto, como comentamos),  sin embargo según esta fuente, aunque es un tema poco estudiado, afectaría entre el 0,4% al 3% de los hombres y mujeres (existe incluso un cierto movimiento reivindicativo al respecto), cuando la homosexualidad,  iría del 1 al 15% según las fuentes (también depende como se haga la pregunta), algo inferior a lo que habitualmente pensamos.
El animal humano es un mamífero extraño pues no tiene épocas de celo y la hembra humana siempre está, o debería estar receptiva independientemente de su edad. ¿Es eso cierto?.
La realidad es que de un punto de vista zoológico como nos señaló Desmond Morris en su clásico libro “el mono desnudo” los humanos no somos tan diferentes al resto de primates, pero que antropológicamente habríamos evolucionado a rasgos distintivos que asegurarían una infancia larga que permitiera un desarrollo cerebral extraútero correcto con el que alcanzar el volumen de nuestro cerebro adecuado y el grado de inteligencia que poseemos (existen diferentes post en este blog de libros de Arsuaga et al, al respecto), y esto influye en ciertos comportamientos fisiológicos y de comportamiento a largo plazo (la menopausia en las mujeres, la “teoría de la abuela”…).
Como nos señala este reportaje con diversas fuentes acreditadas el “comportamiento normal” no es tan “normal” como nos creemos. La homosexualidad no pasaría de la prevalencia de una enfermedad crónica tipo diabetes mellitus,  la utilización de prostitutas según estas fuentes  sería de un  2% (aunque recientemente este % en una encuesta española lo elevaba hasta el nivel  ¼ de los varones en una Comunidad Autónoma, algo que ponemos en duda) y las relaciones con un desconocido no pasarían de un  9%; siendo lo habitual relaciones sexuales dentro de un contexto a largo plazo (una pareja) que sería del  53%. Todo ello teniendo en cuenta los “sesgos” que este tipo de encuestas tienen (vergüenzas, tabús..).
Por otro lado, la frecuencia de las relaciones sexuales, según el Global Sex Survey de EEUU (50.000 encuentados) iría del 40% entre 1-3 veces a la semana, a un 18% que no tiene relaciones en todo el año, algo que concordaría con las ideas que al respecto tenemos. Menos relaciones en las lesbianas y más en los homosexuales varones. Pero en ancianos (media de 70 años), algo que pudiera sorprender, el 50% tendrían sexo dos veces al mes, y un 11% una vez a la semana.
En mi opinión los medios de comunicación magnifican, deforman y estandarizan el comportamiento sexual humano dando la sensación de “normal” lo que no sería más que una variación porcentualmente pequeña y dejando la idea  de que lo que para algunos (o muchos)  podría sentirse como una liberación con la edad (reducción de los niveles de testosterona y con ello del deseo) sería una enfermedad a la que rápidamente se intentaría poner remedio, algo que vemos en la consulta. Hecho que aprovecha la industria para proveernos de diversas medicaciones contra la falta de deseo sexual, la impotencia, y la testosterona últimamente…
En fin, un tema complicado, un “rio revuelto” esto de la sexualidad humana que es “ganancia de pescadores” para algunos.

**David Robson. What si a "normal" sex life?. BBC.- 17 February 2016

**Desmond Morris. The Naked Ape.




miércoles, 26 de agosto de 2015

El nuevo tratamiento del deseo sexual femenino

El nuevo tratamiento del deseo sexual femenino

Al parecer tener el deseo sexual bajo (no sabemos muy bien lo que es alto o bajo) es una enfermedad en las mujeres, el “hypoactive sexual desire disorder (HSDD) en inglés. En los varones supongo que también aunque desconozco como se determina. ¿Qué es normal o anormal en los deseos?
La enfermedad en general empezaría desde el momento que uno identifica que su manera de ser no se ajusta a los patrones de conducta habituales y eso le produce un sufrimiento. El sufrimiento realmente es lo que diferenciaría una simple variación de la apetencia sexual con la enfermedad propiamente dicha. Si la situación de falta de deseo te da malestar tienes un problema, si no es simplemente una cuestión de apentencias. Esta situación se ha dado durante años en la homosexualidad hasta que se determinó que la  inclinación sexual debía aceptarse como tal,  lo que a su vez influyó en la propia aceptación y por tanto en la supresión del estigma de enfermedad. La situación era la misma, pero ahora, con la aceptación no presenta ningún desorden psicológico. ¿Es lo mismo en el caso del deseo?
En el caso de la HSDD, sin embargo, se trata una situación que puede ser normal, e incluso una ventaja para según quien, sobre todo si se vive en soledad. O un problema si vives en pareja y el compañero/a tiene unos deseos radicalmente distintos a los tuyos.
Determinar que se trata de un desorden, o sea una anormalidad, hace que muchas mujeres puedan sentirse enfermas innecesariamente y busquen por ellas mismas, o a instancias de sus compañeros, un tratamiento. Y lo habitual en este mundo de la industria farmacéutica es que teniendo el remedio se identifique la causa, se fabrique la enfermedad, y no al revés, que sería lo lógico.
La US Food and Drug Administration (FDA), acaba de aprobar un tratamiento del  HSDD, en base a la constatación bioquímica de que la  dopamina y la norepinefrina aumentan el deseo sexual y la serotonina lo inhibe. El Flibanserin (Addyi®, en USA), inicialmente un antidepresivo, modularía estos neurotrasmisores para que la consecuencia de ello fuera el incremento del deseo. La indicación se haría en mujeres premenopáusicas, según leemos, con "este problema". Aunque no sabemos realmente por qué.
 La eficacia del  flibanserin es controvertida pues no actua por igual en todas las mujeres y su efecto es gradual, teniendo el inconveniente de tener que tomarse diariamente, cual tratamiento de enfermedad crónica, y empezar a ser efectiva a las 4 semanas de empezar el tratamiento.
Si lo comparamos con los medicamentos para la disfunción eréctil de varón (inhibidores de
la fosfodiesterasa), o de la eyaculación precoz (dapoxetina) cuya dosificación es puntual antes de la relación, el  flibanserin, no sería un afrodisíaco propiamente dicho (aumentar del deseo en un momento determinado), si no que se convertiría en un tratamiento a largo plazo (alguno de los estudios están hechos a 5 años), o sea, trataría el deseo de la mujer, no en un momento, si no cronicamente. Al modo de la fobia social, del trastorno por déficit de atención…
Otro efecto problemático es que tampoco se sabe su acción sobre el orgasmo, que normalmente está retardado con según que fármacos antidepresivos (ej: IRSS).
Además, como efectos secundarios se incluye somnolencia, hipotensión y el síncope, lo que hace que deba ingerirse antes de ir a acostarse. Unos efectos secundarios que se incrementan  al interaccionar con otros fármacos o el alcohol. Dentro de los fármacos se encontrarían los inhibidores del  CYP3A4 dentro los que se incluyen los antifungicos, antibióticos y antiretrovirales. Lo de la interacción con el alcohol puede llegar a ser un problema en estas situaciones pues muchas veces está relacionado un comportamiento con el otro.
En fin, un tratamiento para una “nueva enfermedad” que genera pocas ventajas, algunos inconvenientes para una eficacia discutible.
Puede ampliarse según el texto de la FDA que se adjunta.


FDA approves first treatment for sexual desire disorder. FDA News Release. August 18, 2015. http://www.fda.gov/NewsEvents/Newsroom/PressAnnouncements/ucm458734.htm