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miércoles, 19 de febrero de 2020

Dormir más de nueve horas al día incrementa al riesgo de ICTUS

Dormir más de nueve horas al día incrementa al riesgo de ICTUS
Sobre la cantidad y calidad del sueño y su relación con la cognición hablamos hace algún tiempo.
Como vimos no es fácil determinar lo que es un sueño normal en relación aresultados como la cognición por ejemplo, pues el patrón de sueño va cambiandoa lo largo de la vida y no todos tienen el mismo. Sabemos que cuanto más joven es una más duerme y menos a medida que se hace más mayor, apareciendo insomnios  sean de conciliación o de madrugada, o sueños intermitentes…
Su relación con la demencia o Enfermedad de Alzheimer -EA- se ha puesto de manifiesto en individuos con deprivación del sueño y relacionado con un aumento en el número de las placas amiloides. En este sentido se habla de un patrón en “U” entre la duración del sueño y la cognición, tanto en exceso como en defecto aumentarían el riesgo de alteración cognitiva.
Un estudio de Hoevenaar-Blom MP et al señalo como un sueño corto podría ser un factor que aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) hasta un 63% y en un 79% de enfermedad coronaria cuando se le compara con personas con sueño normal.
En aquel post comentamos como el Doetinchem Cohort Studyevaluando la función cognitiva a 2.970 personas de entre 41-75 años al inicio (1995-2007) determinó como una  duración de 9 horas estuvo significativamente asociado con una menor función cognitiva global (p inferior a 0,01), memoria (p = 0,02) y flexibilidad cognitiva (p= 0,03) en comparación con una duración entre 7-8 horas. La sensación subjetiva de  no haber descansado, tanto el sueño corto como largo, se asoció con una reducción en la velocidad de la función cognitiva, del mismo modo que existió una asociación en U invertida  entre la  asociación entre la duración del sueño y la función cognitiva en la velocidad, flexibilidad y función cognitiva global.
A grandes rasgos sugerían que en adultos en edad media y alta de la vida  mayor duración del sueño se asocia con una menor función cognitiva.
Hoy en este sentido hablamos de otro estudio realizado por National NaturalScientific Foundation and National Key Research and Development Program ofChina, y publicado recientemente en  Neurology que investiga la asociación entre la duración del sueño , la siesta al medio día, la calidad del sueño y el cambio en la duración del sueño con el riesgo de presentar accidente vásculo cerebral (AVC) y diversos tipos de éste.
Se estudiaron a 31.750 individuos de la cohorte Dongfeng-Tongji, trabajadores retirados de la Dongfeng Motor Corporation, con una edad media al inicio de 61,7 años. Todos ellos  completaron cuestionarios sobre la duración del sueño, calidad del mismo y siestas realizadas los últimos 6 meses.  En un seguimiento de 6 años se identificaron 1438 AVC, diagnosticados mediante la sintomatología, TAC o RMN. De estos, 1151 fueron isquémicos y 287 hemorrágicos.
El riesgo de presentar AVC se midió mediante un sistema estadístico de regresión  tipo Cox con el que se estimaron los riesgos aleatorios,  hazard ratios (HR) de presentar  AVC incidente.
En esta cohorte comparando un patron de sueño entre 7-8 horas de duración noche aquellos con una duración ≥9 horas tuvieron un riesgo de AVC aumentado con un HR de 1,23 (IC 95% 1,07–1,41).
  Mientras un sueño más corto (inferior a 6 horas) no tuvo un efecto significativo en le riesgo de AVC. Los resultados fueron similares cuando se relacionaba con el AVC isquémico exclusivamente.
Del mismo modo siestas tras la comida del medio día superiores a 90 minutos (de las de “pijama y orinal” de Camilo José Cela) aumentaron el riesgo de AVC en un HR de 1,25 (IC 95% 1,03–1,53) frente a la clásica siesta española de entre 1-30 minutos.
Si se comparaba con la calidad del sueño, aquellos con pobre calidad mostraron un 29% mayor riesgo de AVC, un 28% superior en AVC isquémico, 59% hemorragico.
Lógicamente aquellos pacientes mayores de 65 años con factores de riesgo cardiovascular (FRCV) del tipo hipertensión (HTA), dislipemia, o diabetes (DM) tuvieron un riesgo mayor de presentar un AVC incidente asociado a su sueño más prolongado. También aquellos con sobrepeso tuvieron mayor riesgo de AVC cuando su siesta tras la ingesta del mediodia superó los 90 minutos. Todo ello les lleva a sugerir que un sueño prolongado agravaría el ya de por sí riesgo aumentado de los FRCV
Concluyen que una duración del sueño largo, tanto nocturno como en forma de siesta como una mala calidad del sueño estaban asociados con un alto riesgo de AVC incidente. En concreto dormir más de 9 horas incrementa el riesgo de AVC en un 23% y hacer largas siestas de más de 90 minutos en un 25%. Con todo, esto no significa causalidad, es una asociación en la que podrían haber factores o variables confusoras, en este caso la población estudiada, por ejemplo.





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